domingo, 24 de enero de 2010

PRIMERA SALIDA DEL 2010

VILLACRECES, un pueblecito abandonado de la provincia de Valladolid.

Villacreces pertenece al municipio de Santervás de Campos, ubicado en el extremo norte de la provincia de Valladolid, en plena Tierra de Campos, una rica llanura cerealera que comprende varias provincias del norte castellano-leonés y ostenta una larga historia que comienza en tiempos prerromanos con el asentamiento en estas tierras de los vacceos, pueblo de origen celtíbero. Después fueron habitadas sucesivamente por romanos y visigodos. De estos últimos, deriva el topónimo Campi Gothorum, antigua denominación de la comarca.


Durante la Guerra Civil la preciosa iglesia de estilo mudéjar dedicada a San Cipriano quedó semidestruida y tuvo que ser reparada con las aportaciones económicas de los vecinos.

En 1981 el pueblo se quedó completamente deshabitado, después de un lento e inexorable éxodo. Parte de sus antiguos habitantes se mudaron a Villada, una localidad palentina próxima, pero seguían visitando periódicamente Villacreces, hasta que en 1989 vieron como su iglesia era desmantelada ladrillo a ladrillo por el entonces párroco de Arenillas de Valderaduey para restaurar su propio templo.

Tierra de Campos se caracteriza por sus compactas construcciones de abobe o tapial, y los innumerables palomares que son seña de identidad de la región. Estos singulares edificios, hoy en su mayoría ruinosos, pueden tener diversas formas, pero la más extendida es la circular con patio interior. En Villacreces hay dos palomares de este tipo que aún conservan sus anillos concéntricos repletos de hornacinas por donde asoman la cabeza algunos pichones.

Villacreces lleva sólo 30 años deshabitado y sin embargo su estado es de ruina total. El adobe ha resistido muy mal el paso del tiempo, sin embargo es este material con su color ocre que se funde con la tierra y la enorme torre mudéjar todavía en pie, lo que dan al despoblado un aspecto hasta cierto punto irreal, como producto de una ensoñación.

La torre mudéjar del siglo XVI, al ser casi el único edificio levantado en ladrillo, está condenada a quedar, con el paso de los años, como único testigo de la presencia humana en este paraje. La iglesia de la cual formaba parte fue primero dañada en la Guerra Civil y posteriormente desmantelada para usar sus ladrillos en otras iglesias de la zona, así que sólo quedan en pie la espadaña y los restos del ábside.

Hacia el norte, a corta distancia y en medio de una frondosa arboleda está la fuente, un pequeño edificio abovedado con una puertita metálica y dos depósitos de agua que parecen estar aún en uso. En sentido opuesto, en lo alto de una colina, está lo que queda del cementerio: una pequeña caseta y tres tumbas vacías con sus lápidas destrozadas.

Ocultos entre los cardos, prácticamente en todo el despoblado, hay grandes pozos y cuevas, algunas con arcadas, que parecen haberse utilizado como bodegas o despensas. Hay que caminar con mucho cuidado porque no se ven con claridad y son muy profundas.

Hay otro edificio destacable que parece haber cumplido alguna función pública muy cerca de la torre. Su fachada de ladrillo tiene algunas pintadas y en su interior podemos ver finos acabados, columnas estilizadas y arcadas con molduras en pésimo estado de conservación.

En el Catastro figuran 52 parcelas de suelo calificado como urbano y 9 edificaciones sobre rasante también calificadas como urbanas, aunque las construcciones en ruina sobre el terreno son muchas más. Algunas, como el cementerio, quedan fuera del casco urbano, en fincas rústicas de la periferia.

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