lunes, 12 de abril de 2010

OREJA

A 3,5 km de Langayo, por un valle que rompe la monotonía del páramo, se encuentran las ruinas del despoblado de Oreja, donde apenas resisten los muros descarnados del antiguo templo. El convento es del siglo XVII y las pocas piedras que se mantienen en pie, dejan ver la estructura, y un ábside en su cabecera.
Ahora, se utiliza para encerrar a los toros el día de la fiesta el primer domingo de septiembre y llevarlos hasta Langayo por todo el campo.

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